"Hay un lugar en Islandia donde, en 2019, se hizo un funeral. No por una persona: por un glaciar. Okjökull fue declarado oficialmente muerto, el primero en perder ese estatus por causa del cambio climático. Cuando estuve parado frente a otros glaciares del país, pensé en eso todo el tiempo: no estoy fotografiando paisaje, estoy fotografiando algo que se está muriendo en tiempo real."
El hielo que no va a volver
Jökulsárlón — los icebergs son fragmentos del glaciar Breiðamerkurjökull en retroceso
Antes de ir a Islandia había leído los datos. Sabía que los glaciares estaban retrocediendo. Pero los números en una pantalla no preparan para lo que es estar parado frente a ellos. En 1890, los glaciares de Islandia cubrían cerca de 11.922 km². Hoy cubren aproximadamente 10.400 km² — una pérdida de casi el 13% en poco más de un siglo. Desde el año 2000 solos, perdieron más de 700 km² — 43 km² al año en promedio. Para que eso tenga escala: es como perder la ciudad de Santiago completa cada dos años, solo en hielo.
El Vatnajökull — el glaciar más grande de Europa, que cubre el 8% de la superficie de Islandia — ha perdido entre 150 y 200 km³ de hielo desde 1989, y más de 400 km² de área. Sus glaciares de salida retroceden entre 50 y 200 metros al año. Desde inicios de siglo, unos 60 glaciares pequeños han desaparecido por completo. La temperatura en Islandia ha subido 1°C desde el año 2000 — a un ritmo 3 a 4 veces más rápido que el promedio del hemisferio norte. Cuando estuve ahí, en primavera, el frío era real. Y aun así, el hielo se está yendo.
Jökulsárlón, la laguna glaciar donde estuve, lo hace visible de una manera que no puedes ignorar. En 1975 medía 7,9 km². En 1991 ya medía 10,4 km². En 2014 medía 25,4 km². Casi se triplicó en cuarenta años — y sigue creciendo a razón de 0,5 km² por año. El glaciar que la alimenta, el Breiðamerkurjökull, retrocedió 3,5 kilómetros entre 1991 y 2015. Casi 145 metros al año. 40 centímetros al día. Los icebergs que flotan en esa laguna no son decoración — son pedazos de un glaciar que se está deshaciendo, y la laguna crece porque el glaciar se achica.
El silencio que se rompe
Llegué a Jökulsárlón pasadas las 8 de la mañana, después de venir manejando desde Skógafoss. Había una o dos personas más en todo el lugar. La laguna a esa hora no tiene nada del tráfico turístico de mediodía — es silencio casi total, un silencio extraño que no parece natural, como si el paisaje estuviera conteniendo la respiración.
Los icebergs flotan sin moverse. Tienen colores que no esperaba: azul eléctrico en las partes más densas, casi transparente en las capas más finas, blanco opaco en la superficie. Algunos tienen el tamaño de un auto, otros el de un edificio de tres pisos. Flotan con una calma que engaña — porque debajo del agua hay mucho más de lo que se ve.
Y después lo escuchabas. No era un estruendo dramático — era un sonido sordo, profundo, que venía de lejos. Como algo que se rompe por dentro, sin querer hacer ruido. Un trozo de glaciar desprendiéndose, cayendo al agua. No lo veía pasar, solo lo sentía como parte del paisaje, de fondo, mezclado con el viento. Pero en ese silencio, ese sonido cambia algo. Es imposible escucharlo y seguir pensando en términos de paisaje. Lo que estás viendo no es un lago con hielo flotando — es el registro visual de un proceso que no va a parar.
Estuve ahí un buen rato sin sacar la cámara. A veces hay lugares que primero hay que mirar.
"No estoy fotografiando paisaje. Estoy fotografiando algo que se está muriendo en tiempo real."
El drone que casi pierdo
Cuando finalmente volé el drone, quería capturar la densidad de la laguna desde adentro — entre los bloques de hielo, a baja altura, con la escala real de los icebergs en el plano. Fui bajando altura hasta casi rozarlos. El problema de volar entre estructuras de hielo es que el GPS se vuelve impredecible y la señal de video puede cortarse sin aviso.
En un momento: pantalla negra. Sin imagen, sin telemetría, sin saber dónde estaba el drone ni a qué distancia de los icebergs. Solo el controlador en la mano y el sonido de los motores en algún punto que no podía ver. Los segundos que siguieron fueron los peores del viaje. Pensé que había impactado contra un bloque de hielo, que estaba en el agua, que había perdido todo el material aéreo grabado hasta ese momento en Islandia.
Por suerte tenía el return to home activado. El drone volvió solo, siguiendo la ruta de regreso sin que yo hiciera nada. Cuando lo vi aparecer entre los icebergs recuperé la respiración. El material que trajo estaba intacto. Pero decidí no volver a volar a esa altura.
Hielo sobre arena negra
Diamond Beach — icebergs varados sobre arena volcánica negra
A pocos metros de la laguna, los icebergs que salen al mar quedan varados en la arena. Se llama Diamond Beach, y el nombre no exagera: bloques de hielo translúcido, algunos del tamaño de una mesa, sobre arena negra volcánica, con el Atlántico rompiendo de fondo.
El contraste es tan extremo que la primera reacción es de desconfianza — parece montado, parece que alguien puso esos trozos de hielo ahí a propósito. Pero son reales, son fríos, y cuando el oleaje llega los mueve levemente y los hace brillar. Los fotografié con diferentes ángulos de luz, aprovechando que a esa hora la luz todavía era baja y lateral. Es una de las escenas más difíciles de componer porque la propia escena ya es demasiado — tienes que encontrar el encuadre que la haga creíble sin que parezca una postal.
Lo que no se ve en las fotos es el frío. El viento venía directo del océano. Las manos, después de diez minutos, dejaban de responder bien.
Por qué esto también importa desde Chile
Islandia parece un lugar muy lejano. Lo es en kilómetros. Pero no en lo que está pasando.
La Patagonia chilena alberga el segundo campo de hielo extrapolar más grande del mundo después de la Antártica. El 90% de los glaciares chilenos ha retrocedido desde 1870. El Campo de Hielo Sur perdió aproximadamente 500 km² entre 1945 y 1986 — y la pérdida se aceleró desde entonces. Los glaciares San Rafael y San Quintín, en el Campo de Hielo Patagónico Norte, han perdido decenas de kilómetros cuadrados en menos de cuatro décadas. No son datos de hace un siglo: son de las últimas décadas, con satélites, con medición directa.
El centro y norte de Chile lleva más de 15 años consecutivos en megasequía, afectando al 75% del territorio nacional. Los glaciares del norte chico y de la zona central son reservas de agua para millones de personas. Cuando retroceden, no es solo un problema ecológico — es un problema de agua potable, de riego, de economía.
Lo que documenté en Islandia no es un problema de otro país. Es el mismo proceso, en distintas latitudes, avanzando al mismo tiempo. Islandia fue el primer país en hacer un funeral por un glaciar. No va a ser el último.
La otra cara de esta documentación — las colonias de aves en colapso — está en Frailecillos en Peligro. Y si quieres saber cómo fue posible acceder a estos lugares durante 14 días, está en Vivir en Camper 14 Días en Islandia.
Lo que se queda cuando el hielo se va
Estuve parado frente a Jökulsárlón pensando en todo lo que ese lugar no va a ser en cincuenta años. La laguna va a ser más grande. Los icebergs van a ser más pequeños. El glaciar que los genera va a estar más lejos. Y en algún momento, va a desaparecer del todo.
No fui a Islandia a llevarme una foto bonita de hielo azul. Fui a registrar algo mientras todavía se puede registrar. Eso es lo único que puedo hacer como fotógrafo — estar ahí, en el momento, con la cámara. Y esperar que alguien que vea estas imágenes entienda que esto no es un paisaje. Es un documento.
La colección completa de prints
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